Un profesor debidamente capacitado, una buena conectividad y una adecuada instalación, son algunos factores claves a la hora de de ocupar este tipo de dispositivo en el aula.
Las pizarras digitales interactivas, conocidas como PIDI, son quizás
una de las estrellas que más brilla en el firmamento de los dispositivos
tecnológicos utilizados en las aulas o TIC. Sin ir más lejos, en Chile,
cada vez son más los establecimientos que invierten (alrededor de un
millón de pesos) en estos aparatos, que debidamente utilizados, pueden
convertirse en un gran aliado para los profesores.
Si bien, como todo dispositivo tecnológico no tiene un valor intrínseco en los aprendizajes de sus alumnos, Alexis Krause,
experto en uso de pizarras digitales indica que en países como España,
los estudios arrojan resultados favorables respecto a su uso, señalando
que efectivamente las pizarras electrónicas promueven el aprendizaje constructivista y mejoran la didáctica docente.
Como agrega Krause, si bien su implementación no implica necesariamente que los alumnos suban sus notas, las pizarras digitales propician
una dinámica que logra motivar muy bien a los estudiantes, permite una
mayor concentración en algunas actividades y, para los docentes,
facilita la presentación de contenidos difíciles.
Para Krause la magia de estos implementos no está en el aparato propiamente tal, sino en cómo se usa, resaltando que el elemento angular de este sistema es el profesor, el cómo prepara y desarrolla sus clases.
En este sentido, Loreto Venegas, asesora pedagógica, a cargo del Equipo de Pizarras Digitales Interactivas del Centro Zonal Sur
de Enlaces del Ministerio de Educación y de la Universidad de
Concepción, señala que el uso de este dispositivo demanda tiempo para preparar muy bien las clases para ir variando las actividades, porque la pizarra digital no permite monotonía. Un esfuerzo que según la experta se verá recompensado, pues la práctica pedagógica utilizando PIDI como recurso didáctico favorece
el proceso de enseñanza, el desarrollo de nuevos entornos de
aprendizaje, principalmente porque potencia un trabajo interactivo y
colaborativo más expedito y positivo tanto para los profesores como para sus alumnos.
Respecto a las materias que mejor se potencian con estas pizarras, Loreto Venegas indica que, "más que el tipo de contenido, lo que resulta relevante es la capacidad del docente para seleccionar o generar aplicaciones contextualizadas
al nivel de su grupo curso, lo que permite sacar verdadero provecho,
tanto en matemáticas, artes visuales, música, o cualquier otra".
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